Puede Ser

No sé si quedan amigos
Ni si existe el amor
Si puedo contar contigo
Para hablar de dolor
Si existe alguien que escuche
Cuando alzo la voz
Y no sentirme solo

Puede ser que la vida me guíe hasta el sol
Puede ser que el mal domine tus horas
O que toda tu risa le gane ese pulso al dolor
Puede ser que lo malo sea hoy

Voy haciendo mis planes
Voy sabiendo quien soy
Voy buscando mi parte
Voy logrando el control
Van jugando contigo
Van rompiendo tu amor
Van dejándote solo

[...]

- El Canto del Loco y Amaia Montero

29/11/2006

Esta es una escena del capi 12 de LE... probablemente por la mitad, termine estando situada. Siéntase libres de leerla, porque no brinda ningún dato sobre los sucesos del resto del capi.


Simplemente quedé enamorada de esta escena. La acabo de escribir... y no pude evitar el deseo de compartirla con ustedes. Enjoy!

 

***

En aquella infinita red de tinieblas, las criaturas se deslizaban y vagaban sin rumbo. Bajo tales restricciones, se confundían colores que simulaban sangre y sólo más angustia. El aroma dulce que estaba siempre impregnado en aquellos tejidos hablaba de muerte, de sacrificios, de oportunidades perdidas.

Armas filosas abstractas que rajaban y causaban heridas hondas en una carne poco material. Ninguna sustancia rojiza brotaba de ella, sino simplemente más oscuridad. Los rasgos se deformaban y se perdía noción de los límites; dónde empezaba y dónde terminaba el territorio, y quién era quién. Las esencias se mezclaban con un frenesí inalcanzable para los mortales, y que tampoco podían llegar a idear en sus mentes.

Nadar en un mar de sombras era la vida de aquellas criaturas. Era una vida tediosa, pero que ellos adoraban de todas maneras. Allí la magia nacía y perdía sentido. Allí la magia moría y adquiría dimensión…

Luces que ayudaban a propagar las tinieblas. Luces que se teñían de matices cerrados y grises. Luces que ya no tenían dueño ni destino. Luces que se camuflaban en las profundidades de aquel océano eterno, perdidas, absorbidas por un enemigo que era invencible, mucho más fuerte que todas aquellas luces juntas.

La Muerte, donde ya no había tiempo, donde ya no había destinos, donde ya no había nada… más que almas rotas por heridas incurables.

Ella sabía reconocer a cada uno de sus Niños. Cuidaba de ellos y los mimaba. A algunos más que a otros. No obstante, siempre sus Niños estaban contentos con ella y acataban cada uno de sus mandatos. No había envidia ni rencores. Sólo la reconocían a ella, porque en el abismo perdían identidad.

Por eso le extrañó cuando detectó en una de las orillas intangibles a uno de sus Niños con una conciencia, con una magia y un alma inmaculada. Todo eso le daba una identidad, un destino, un sentido. Y ninguno de sus Niños poseía eso. Le pertenecían a ella y a nadie más. Eso les tenía que alcanzar para sentirse satisfecho con ellos mismos. ¿Quién no querría ser sirviente de la Muerte? ¿Quién deseaba presentarse ante ella como un individuo independiente? ¿Acaso anhelaba rebelarse contra ella y quitarle sus Niños?

Furiosa con aquel Niño desobediente, se dirigió velozmente hasta aquella orilla. Al llegar, se percató que el Niño la había estado esperando, paciente, sin miedo. Eso empeoró el humor de la Muerte, ya que nunca antes nadie había osado desafiarla. ¡Cuánto le dolía que uno de sus Niños fuera el primero!

Extendió su mano viscosa para arrancarle el alma, sin embargo el Niño se resistió y mantuvo la calma, no permitiéndole ni siquiera saborear su esencia en la superficie. ¡Nadie había resistido nunca su encanto! ¡Mucho menos uno de sus Niños!

Indignada, se lanzó contra el Niño, quien la atajó y la mantuvo firme en sus brazos. Sus rostros nublosos se hallaron frente a frente, y entonces fue cuando la Muerte contempló por primera vez dos ojos de un verde esmeralda inoxidable. Ninguno de sus Niños tenía ojos, mucho menos tan preciosos. Deseó fervientemente poseerlos, sustraerlos de aquella carne y guardarlos en alguna cajita en lo recóndito de su Reino, para maravillarse con ellos cuando quisiera. Aquel Niño no tenía derecho a tenerlos. No valía aquellos ojos. Tenían que ser de Ella.

 

-         Las estrellas me guiaron hasta aquí, mi Señora

 

No le prestó atención. Había quedado absorta con aquellas Esmeraldas. Quizás podría combinarlas con los hilos dorados que sustraía de algunas almas bondadosas o podría situarlas en una placa de plata forjada por sus Niños, con aquellas luces que danzaban en su océano…

 

-         Me gustaría entablar un diálogo con Usted. O por lo menos, alguno de sus súbditos…

 

¡El Portador de sus Esmeraldas se había atrevido a nombrar a sus Niños! Estaba segura: quería separarlos de Ella, quería secuestrarlos. Pero maldita sería ella si accediese a que sus protegidos fuesen maltratos de tal forma. Maldita sería ella si perdía a sus Niños…

 

-         No te acercarás a ninguno de ellos, Portador de mis Esmeraldas. Si lo haces, me encargaré personalmente que nada quede de tus Ojos, aún aunque me pese.

-         No me arrimaré a ellos, entonces. ¿Está dispuesta a platicar conmigo?

-         Por supuesto. Pero nada es gratis, aún en vida.

-         ¿Qué desea, mi Señora, a cambio de sus palabras?

-         ¿Qué estás inclinado a darme, Portador de mis Esmeraldas?

-         No hay carne, no hay magia, no hay alma que vaya a saciar su sed. Nada que yo posea en mi cuerpo mortal puede resultar de gran valor para Usted, mi Señora. Y sin embargo, aquí me presento, aceptando el precio que quiera colocar a sus palabras. Incluso aunque no lo pueda acatar en mi vida mortal.

-         Mi precio no es tan alto, Portador. Tus Esmeraldas.

-         ¿Cuándo mi vida mortal culmine?

-         Correcto. Ten en cuenta que eso puede ser en cualquier momento a partir de este Pacto… cuando mi deseo de tenerlas sea mayor que mi preocupación por tu sentido.

-         Si las estrellas me guiaron hasta aquí… es porque quieren que este Pacto sea sellado. Lo acepto, mi Señora.

 

El Portador dejó de sostenerla y ella pudo retirarse unos pasos. No obstante, volvió a aproximarse; su mano acariciando el rostro del Portador casi con estima. Una mancha negra cobró forma en aquella piel, una marca imborrable del contacto con la Muerte. En un futuro, se trataría de carne muerta. Por el momento, era sólo un signo de posesión, un signo de aquel Pacto.

 

-         Ansío el momento en que te conviertas en uno de mis Niños. – Susurró, casi inconscientemente. – Cuidaré de ti como uno de mis más valiosos Niños…

-         ¿Cree que los Jueces le consentirán la posesión de mi alma? – Murmuró el Portador, con un toque sincero de aprensión. Nadie podía resistirse a su encanto, lo sabía. Todos terminaban deseando ser parte de su gran Familia.

-         Si no me la otorgan, me encargaré de derribar cada una de las paredes de su reino. Oh, tanto tiempo llevo deseando tener una excusa para ampliar mi reino sobre las Lagunas… - Sostuvo entre sus dedos los cabellos negruzcos del Portador mientras volvía a admirar aquellas esmeraldas. - ¿Qué es aquello que deseabas tan vehementemente hablar conmigo, futuro Niño mío?

 

Las esmeraldas destellaron especialmente en aquel momento, y la Muerte se enamoró de ellas de nuevo. Deseó poder repetir la pregunta para volver a observar su brillo rejuvenecido. ¡No era justo que aquellos mortales pudieran admirar aquellas esmeraldas cotidianamente y Ella no! Estaba destinado a ser uno de los suyos, lo sabía. Los Jueces lo habían creado como un regalo a Ella, sí…

Maldita sería ella si lo rechazaba.

Parvy escribió esto a las 29/11/2006 10:24 // link | commenti |

24/11/2006

Yay..
Anuncio que no me verán ni hoy ni mañana por estos lares, ya que me voy de campamento... co-animadora de adorables criaturas de entre 10 y 12 años... Yay! xD
Y el domingo a estudiar a full para mis dos finales, lunes y martes, so...

Hasta pronto! xDD

[Sobreviviré?]

Parvy escribió esto a las 24/11/2006 11:42 // link | commenti |

14/11/2006

Cuando me enteré de la temática de los Nobels HA, no pude evitar sentirme atraída ante la propuesta de volver a escribir un oneshot. ¿Y sobre qué podía escribir?

*smiles*

Esto es simplemente una introducción. Un primer borrador. Díganme qué les parece ^^!


Título: Bow to Death [Inclínate ante la Muerte]

Silencio. Ese era el saludo de bienvenida que el grupo estudiantil de Hogwarts le brindaba a la Muerte.

Todas las mañanas el acontecimiento se repetía. Los alumnos se sentaban en sus respectivas casas y aguardaban con aprensiva congoja la llegada de las lechuzas, entre las cuales siempre se encontraba aunque sea una, cuyo sobre era negro y lacrado con el sello del Ministerio de la Magia.

Aquel desayuno no iba a ser la excepción.

Los ojos quisieron desviarse de la mesa de Gryffindor cuando se identificó la dirección que la lechuza había asumido. Pocos pudieron lograrlo, porque la muerte ya no le era indiferente a nadie. Incluso los profesores habían callado y contemplaban la lechuza con resignación y pesadumbre. El profesor Dumbledore prácticamente se había incorporado por completo de su asiento y caminaba ya rumbo a la mesa de sus protegidos, sin en verdad conocer cuál de todos ellos recibiría aquellas palabras vacías del Ministerio, que nunca podrían saldar el vacío existencial que un ser querido asesinado dejaba detrás.

Olive Hornby la recibió. Tardó varios minutos en agarrarla, ya que la lechuza la había abandonado con delicadeza sobre la mesa. Las manos le temblaban convulsionadamente y sin saber todavía la identidad del muerto, lágrimas salinas ya recorrían su rostro. Desplegó el sobre y sus ojos vagaron, sin leer, sobre la carta.

La mesa de Gryffindor bajó la mirada al suelo. Algunos Hufflepuff habían empezado a sollozar, rememorando quizás experiencias propias o simplemente dejándose llevar por el ambiente tenso y tenebroso del momento. Varios Ravenclaw se acercaron a ellos y contribuyeron con su apoyo y consuelo.

Slytherin fue la única mesa que permaneció inmutable, observando todo como si se tratara de una película en la cual eran sólo meros espectadores. Casi con apatía, eran los únicos que proseguían con un desayuno olvidado, aunque sus ojos parecían lejanos y sus labios, sellados.

Entonces, Hornby se levantó de su asiento, tambaleándose de tal forma que por un instante se creyó que iba a desmayarse y, escoltada por Dumbledore, se retiró del Gran Comedor.

La Guerra de Grindelwald había marcado a la Comunidad Mágica en más de un sentido. En cierto modo retorcido, la gente se aliviaba al recibir las cartas de pésame del Ministerio, porque al menos concluían la angustia y la incertidumbre que la ausencia prolongada de un familiar provocaba. Eran noticias lúgubres, no eran el final feliz esperado, pero era ciertamente mejor que imaginarse todos los días las torturas bárbaras que estaría soportando y sin la capacidad para rescatarlo o ayudarlo en algún sentido; sobre todo al contemplar los cadáveres que atestiguaban las largas horas de tormento, bajo el efecto de utensilios muggles potenciados con magia en su mayoría.

Hogwarts se había unificado bajo un mismo estandarte de desahogo y esperanza. Existían excepciones, pero el alumnado en general tenía toda su atención colocada en aprender magia, tanto defensiva como ofensiva, a toda costa, para graduarse y salir a luchar por la comunidad; asegurar el cese de la oscuridad y motivar un poco de luz, un poco de paz, para sanar las heridas.

Estaban aquellos que, sin embargo, se negaban a admitir la existencia de tales heridas; aquellos que no requerían ninguna carta del Ministerio para revelarles la realidad ni ninguna clase de entrenamiento especial para asegurar su propia vida.

Aquel que se regocijaba en esas lágrimas, en esa sangre, en esos cadáveres, en esos sobres oscuros, porque en ellos encontraba un reflejo de su pasado, su presente y su futuro; en ellos reconocía su sádico placer, que paradójicamente también aludía a su mayor recelo.

De reojo, Tom Riddle pudo captar el espectro de Myrtle, cuyo arribo al Gran Comedor acababa de acudir y no se había enterado de las noticias. El resto de los fantasmas se apresuraron a comunicárselo, correveidiles como eran, y Myrtle partió, moviéndose felizmente y tarareando, en búsqueda de su mortal acosado.

Una mueca presuntuosa cobró forma en el rostro apuesto del heredero de Salazar Slytherin.

Aquellos pequeños goces que facilitaba la vida…

Parvy escribió esto a las 14/11/2006 19:53 // link | commenti |

13/11/2006

Hoy tuve una experiencia de lo más extraña XD

Como hacía mucho calor y no quería caminar sola, además que hubiera tenido que pedir cambio ya que sólo tenía billete y requería monedas para el colectivo, decidí tomarme un remis a casa después del colegio.

 

Ne, ya saben como son esas conversaciones superficiales que se encaran con los remiseros. Lo típico es hablar del colegio o del clima, o quizás la situación de la Argentina, especialmente relacionada con los piquetes. Sin embargo, el remisero de hoy, tras preguntarme cómo me estaba tratando el colegio, me preguntó si podía inquirir en mis creencias religiosas. Aunque me pareció extraño y sospechoso, acepté, y proseguimos a hablar del cristianismo, y el hombre me citaba algunas partes de la Biblia y me preguntaba qué interpretaba yo con ellas (el Génesis, los poderes de Cristo, como caminar sobre el agua; el tema del exorcismo; la santísima trinidad, porqué Cristo nos presenta el Padre Nuestro…)

 

Fue una de las conversaciones más raras que he tenido. Digamos que no es algo que a la gente le suela interesar; y mucho menos les pregunta a los jóvenes que piensan al respecto. Quizás el remisero creía que iba a salir con alguna clase de rebeldismo religioso o ateísmo, o que quizás no iba a profundizar demasiado, ne… pero me sentí bien exponiendo mis creencias, sin citar ninguna clase de experiencia personal, ne, todo sobre teoría, y ser escuchada y tener una conversación profunda sin prejuicios xD

 

Me causó graciosa la expresión de incredulidad cuando le dije que no me importaba si había vida eterna o no después de la muerte. Me preguntó cómo no podía desear vivir por siempre, y yio le respondí que no importa el tiempo, lo que importa es lo que se hace con él… y si bien me gustaría vivir lo suficiente para cumplir todos mis sueños, hay que aceptar que la vida es una y sacar lo mejor de ello… si luego se nos da una segunda oportunidad, bienvenida sea… si es un instante eterno en el que nos sintamos plenos, completos en espíritu y cuerpo, y donde podamos reconocer el mundo con nuevos ojos… me encantaría, pero no es algo que me interese particularmente del cristianismo. Hay otros aspectos que me gusta destacar y en los que creo más fehacientemente.

 

Supongo que me quedará la duda siempre de si la conversación se inició por curiosidad, por algún proyecto o investigación que estaba haciendo, por sacar un tema (teniendo en cuenta que mi colegio es católico), o por alguna otra razón, ne.

 

Definitivamente extraño. Pero es también una forma de dialogar con el mundo.

Parvy escribió esto a las 13/11/2006 17:03 // link | commenti |

09/11/2006

No volveré a caer
en querer y no poder
no dar de mi interior
trozos de mi corazón

No volveré a caer
en tener y no querer
en saber que es un final
que siempre ha acabado mal

De atardecer y de lamento
de todo y nada tengo dentro
tan sólo quiero ser yo mismo
tan sólo espero ese momento

 

- He vuelto a caer – El Canto del Loco


I'm sorry...
I'm exhausted... I just wanted to give the best of me... but in the end, I just showed the worst.

I wonder...


Mierda... Pakillo... te extraño caleta... te necesito, you idiot...

Parvy escribió esto a las 09/11/2006 21:21 // link | commenti |

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